viernes, 9 de diciembre de 2011

EL ESPEJO DEL FUTURO

Titulo: "El Espejo del Futuro".
Autor: Jordi Sierra I Fabra.
Editorial: edebé.
Ilustración: Ricardo Calvo.
En un día en que a Javier, las cosas no le habían ido demasiado bien, primero llegó tarde a clase, el profesor decía las cosas al revés, que si el burro montaba encima de Sanchopanza.
Ya era la hora de salir de clase, Él como tiene mucha imaginación, primero decía que era un gran cantante de Rock o un gran detective. Javier cambio su camino habitual y fue por uno muy estrecho, no había casi nadie, se encontró un anciano con un cartel en la mano que ponía: " Se venden espejos del futuro". El anciano cambiaba el color de los ojos cada cierto tiempo. Javier le pregunto para que servian los espejos del futuro, el anciano le contesto que para poder ver el futuro. Javier quedo convencido, pero en ese momento no tenía el dinero. Le dijo al anciano, espere aquí, que vuelvo enseguida con todo el dinero. Salió corriendo todo lo que le permitian sus piernecillas. Ahora tenía que convencer a su madre. Nunca pensó que podía correr tanto. Al llegar a casa dejó su cartera y dío dos besos a su madre. Entró en su cuarto y cogió el dinero. Su madre le pregunto que donde iba, Él contesto que volvía enseguida. Por el camino iba cantando que tenía un espejo del futuro. Una vez que ya tenía el espejo en casa, se le rompio. Durante los tres días de la rotura del espejo, Javier volvió a pasar por la callejuela donde había comprado el espejo, con la esperanza de que estuviese allí el anciano, pero no estaba.
Cuando salío del colegio, lo primero que hizo fue sacar un trozito del espejo, lo miró, y se preguntó ¿ es que ya no funciona? Lo normal sería ver el futuro.
Volvió a pasar por la callejuela y esta vez el anciano, sí estaba, Javier se acerco despacio, mirando con mucha atención. El anciano le pregunto:¿ cómo estás? uno de mis mejores clientes, esta vez fue muy cuidadoso, el futuro estaba escrito, pero siempre dependía del último instante.
No volvió a pasar por la callejuela en tres semanas. Javier se quedó mirando al espejito. Está bien, aceptó, es tu futuro, pero no es el mío.

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